SIEMBRA.



Sembré. ¡Sí! Las sembré.

¿Ó no?

No recuerdo bien la imagen, es vaga.

Quizás fue mi viejo, y me lo contó,

o a él se los contaron.

A mí se me grabó así: sembrado en el costado izquierdo del corazón.

Sin saber mucho de lateralidad,

sin saber mucho...

Sin saber...

Pero así fué;

jugando a cada atardecer

después de Piluso.

¡Ah!, ¡sabés qué!, ¿sabés que pudo haber sido mi vieja?

¡Claro si ella siempre estába volviendo a los recuerdos!

Ella siempre abonaba el camino de la alegría.

Sin saber mucho...

Sin saber...

¡No! A lo mejor fue algún tío, tía, abuelo, abuela, no lo sé.

No, no. No sé cuándo fué que se sembraron, sé que hoy florecieron y ¡están acá!

Hoy florecen éstas ganas

del canté al despertar,

del baile al cruzar la calle

con ganas de quedarme ahí con vos.

De quedarme dormido en tus brazos, del abrazo de los amigos viejos, de la palmada de los cumpas nuevos que no se animan a entregar la mano.

Hoy ya vuelan más semillas esparcidas para sembrar ganas.

Ganas de ser.

De ser lo que somos.

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